¿Cómo mejorar la relación y comunicación de pareja?






En este vídeo te hablo de:


La comunicación en la pareja.

Cómo funciona y algunos ejercicios para ser conscientes.



¿Te ha pasado eso de llevar años con tu pareja y pensar que ambos conocéis a la perfección las necesidades del otro/a... pero luego ha resultado que no?


¿Creer que ya os habéis contado todo, intercambiar miles de palabras, en un sinfín de conversaciones, y después de mucho tiempo daros cuenta de que no habéis entendido nada, o casi nada?


Si te identificas con esto, te animo a continuar leyendo; ya que he creado este artículo para ayudarte a entender cómo funciona la comunicación, y puedas mejorar tu relación de pareja.


Además, no tienes de qué preocuparte, ya que ésta es la realidad de la mayor parte de las parejas, y de las relaciones humanas. Pero tiene solución :)



He dividido este artículo en tres aspectos básicos que quisiera abordar hoy:



1)Contenido y relación:


Cuando trabajo con problemas de comunicación, suelo poner de ejemplo la teoría de Paul Watzlawick, un experto en relaciones, que aportó mucho a la psicoterapia de pareja.


Paul Watzlawick explica que la comunicación está compuesta por emisor, receptor y el mensaje que transmitimos.


Sin embargo, dentro de este proceso, el mensaje que se emite y se recibe, depende de dos factores: de su contenido, y de la relación.


Es decir, cuando yo digo o escribo algo, existen, por un lado, las palabras literales que comunico, el contenido; y, por otro lado, la forma en la que comunico, y la manera en la que mi lector u oyente interpreta mi mensaje. Esto último es lo que se llama relación.


Es en esta segunda parte donde, mi experiencia en el trabajo con parejas, me dice que ocurre lo que tradicionalmente conocemos como el juego del “teléfono descacharrado”, y no porque terceras personas tergiversen la información que compartimos en la pareja, sino porque entre solo dos personas, influyen innumerables variables.


Y es que en el modo de comunicarte con tu pareja subyace, por ejemplo, el lenguaje no verbal: el tono de voz, las miradas, la velocidad de las frases, el movimiento del cuerpo y de las manos, los gestos faciales, la intención, el sarcasmo… que pueden decir muchas más cosas de lo que dicen las propias palabras. Y se emiten, muchas veces, de modo inconsciente.


Además de eso, quien recibe el mensaje, realiza sus interpretaciones personales, que depende de su sistema de creencias, y de lo que está predispuesto a escuchar:


Muchas veces, no recibimos lo que el emisor nos dice, ni la intención con la que nos lo dice, sino lo que nuestro mundo subjetivo quiere que recibamos. Aquí están implicados nuestros prejuicios, nuestros valores, etc.


Como puedes observar, entre el receptor y el emisor hay una serie indefinida de factores que ocurren en cuestión de segundos, acompañando al contenido del mensaje, que tienen mucho más peso que el mensaje en sí mismo.



Primer ejercicio para tomar conciencia:


Por ejemplo, piensa en la mayoría de veces que te afectó de manera negativa algo que tu pareja te había dicho.


Ahora, observa si tu reacción inmediata fue interpretar sus palabras y sentirte incómodo/a, o si, por el contrario, redefiniste su mensaje haciéndole una pregunta del tipo “¿entiendo que la intención de ese comentario no es mala, y que lo que querías decir es…?”.


Normalmente, tendemos a comportarnos sin pensar en esto, y lo hacemos de la primera forma. Si bien está comprobado que actuar de la segunda es mucho mejor para una comunicación fluida, y, por tanto, para construir una relación más sana.


En tu próxima conversación, trata de observar, más allá del contenido, cuál es la relación que se establece entorno al mensaje. Actuar con esta conciencia te permitirá comunicarte de otro modo.





2) La falta de comunicación en la pareja:


Otro de los problemas que ocurre con frecuencia, es la ausencia de comunicación.


A veces, los años o la propia confianza, nos hacen dar por hecho lo que el otro miembro de la pareja piensa.


Se nos olvida que somos seres cambiantes, y que las necesidades y las creencias de la otra persona cambian junto a ella. Lo que antes no afectaba, ahora sí puede doler. Un sentimiento se puede intensificar, los valores sobre un tema pueden modificarse, etc.

También la falta de tiempo, el miedo a hacer daño, o el temor a entrar en crisis… son factores que nos impiden comunicar.


Guardamos lo que pensamos y sentimos, las necesidades que tenemos, lo que nos falta o sobra del otro/a.


Todo ello hace que pequeños problemas cotidianos se tornen conflictos mayúsculos. Ocurre el efecto de la bola de nieve: un pequeño copo rueda cuesta abajo y termina por hacerse una bola enorme.



Segundo ejercicio para tomar conciencia:

Piensa en la última vez que diste por hecho algo que necesitaba tu pareja. O, ve más allá, recuerda algo que necesitabas tú y no pensabas que podría perjudicar a tu pareja.


Ahora pregúntate: ¿Por qué sé/sabía yo que eso es así? ¿Hay cosas que doy/di por hecho, o realmente conozco la respuesta?


Observa que, lo que según tu opinión puede ser importante para ti o tu pareja, puede no serlo en opinión de la otra parte.


A menudo veo parejas en las que una idea, un hecho (como dedicarse a cierto trabajo, a ciertos estudios, comenzar una nueva afición, un nuevo proyecto, un deporte, un estilo de vida o una dieta, etc.) resulta positivo para alguna de las partes, pero no lo es para la otra, sobre todo cuando no se gestiona, no se negocia el modo de llevarlo a cabo, en el tiempo, en la cantidad, etc. que se dedique a esta actividad.


Esto suele ser fuente de discusión en muchas relaciones, y el problema principal latente es la falta de comunicación.


¿Cuál es la clave entonces? No des por hecho. Pregunta. Siempre.




3) Los reproches en la pareja:


Me gustaría dedicar unas últimas líneas para hablar sobre los reproches en la pareja.


Cuando las parejas acuden a terapia y nos permiten entrar en su mundo, en su dinámica relacional, observamos que casi todas las diferencias que subyacen en la pareja, que no son más que fruto de la unión de dos seres, con dos historias distintas, aparecen a modo de reproche.


Es poco frecuente que las parejas se comuniquen desde la empatía absoluta. Algunas son más respetuosas que otras, algunas gritan más y otras menos, en los casos más graves existen la agresividad y la violencia, y en los más sanos, el diálogo respetuoso.


Sin embargo, más allá de eso, la conversación en sí misma está llena de reproches: Lo que me falta, lo que necesito del otro/a; lo que no me gusta, lo que me sobra del otro/a; lo que no entiendo del otro/a, etc.


Y rara vez desde la autocrítica, desde la comprensión, y la compasión: entender por qué el otro/a hace lo que hace, desde qué historia o qué necesidad actúa como actúa, qué puedo hacer yo diferente para que la otra persona no haga esto o aquello.


¿Te sientes identificado/a? Te invito a practicar un último breve ejercicio:




Tercer ejercicio para tomar conciencia:



Recuerda las veces en las que has discutido con tu pareja y observa: En la mayoría de ocasiones ¿Os habéis comunicado desde la comprensión, o desde el reproche?


No importa si la discusión fue agresiva o respetuosa. Esta vez no se trata del modo, sino de la cantidad de reproches que envío o recibo de mi pareja.


¿Qué sucedería si esta dinámica cambiase?



En definitiva, las relaciones son complejas y la comunicación o la ausencia de la misma, las vuelve aún más complicadas de lo que ya son.


Entender los problemas de comunicación y su origen, puede hacer que la relación mejore. Si crees que puedo ayudarte o ayudaros a establecer una dinámica de pareja más sana, no dudéis en contactarme.


Si uno de los miembros de la pareja está convencido pero el otro no todavía, puedes ponerte en contacto conmigo de todas formas, ya que existe la posibilidad de abordar los problemas de pareja de manera individual.


Lee más sobre las crisis de pareja:




Un abrazo,


Maite

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© 2020  Maite González Serrano